Un tema delicado

octubre 28, 2009

Siempre he creído que los Gobiernos y los partidos llamados a Gobernar los países, no pueden vivir de espaldas a la realidad. En el tema que hoy me ocupa, voy a empezar con un tópico, la realidad es muy tozuda.

A nadie se le escapa, que las leyes y las decisiones gubernamentales suelen ir en la mayoría de las veces, muy por detrás de esta misma. Y en el tema del aborto, no es para menos. A nadie se le escapa tampoco, que la mayoría de los abortos que se practican, se hacen bajo los tres supuestos hasta ahora factibles. Sean verdad o no. Sería un error pensar que porque no vemos el humo, no hay fuego. Terminaríamos quemándonos todos.

Personalmente, he de decir que en este tema estoy lleno de dudas. Y no. No por mi vinculación religiosa, sino por el enorme respeto que me merece la persona. (no digo lo de “persona humana” porque me parece una perogrullada).

No entro a discutir si una persona es tal a los pocos días, meses etc. No entro a discutir si la existencia de vida, nos lleva a colegir la existencia de la persona. No soy médico, ni filósofo, ni biólogo ni cura. Por tanto, no soy quien para dar lecciones a nadie sobre una u otra cosa. Pero lo que sí creo de verdad y estoy seguro de ello, es que quien decide llevar a cabo en su propio cuerpo y en su propia mente, un acto tan “transcendental”, es digno, como poco, de respeto. Digo lo de la mente, porque aunque los efectos físicos del acto en sí, desaparezcan, si no a los días, sí a las semanas, soy un convencido de que las cicatrices mentales o de conciencia, perduran durante años, cuando no toda la vida.

Sin embargo, aquí también me encuentro con una serie de dudas. Porque el ser humano no nace con conciencia. Esta se va labrando en nuestro devenir por el mundo. No hay herencia en la conciencia. No existe ADN que mida la misma. Porque no es otra cosa, que el entramado de esquemas mentales construidos a partir de patrones que nos han ido inculcando. De prácticas de prueba-error. De sensaciones que producen nuestros actos en los demás. De conclusiones sobre el bien y el mal. En definitiva, nuestra conciencia no deja de ser un reflejo de la conciencia social que cada uno ha mamado.

Y esto, lo que me lleva, es a defender a la persona, que en conciencia, toma la determinación seguro que muy delicada y dura, de abortar. Y no por el hecho de lo que hace, porque mi conciencia a mí en concreto, no me lo permitiría. Sino porque no tengo derecho alguno, a imponer mi conciencia sobre la de otros.

Por otra parte y dejándome de filosofía más o menos barata, la ley no cambia demasiado el fondo del tema. Los abortos seguirán practicándose en la misma proporción. No creo que por ello haya más o menos abortos, por todo lo expuesto anteriormente. Lo único que hace la ley es despenalizar y regularizar, es decir,  controlar, lo que pudieran ser prácticas en condiciones muy dudosas.

Y no, no me voy a meter con la iglesia. Porque en este caso, la doble moral se arregló hace muchísimos años con el invento de la confesión.

Confesión, que a mi parecer no es otra cosa, que un intento de tranquilizar la conciencia de uno mismo. Esa misma conciencia, que necesita estar tranquila para tener una vida feliz. Y que muchos han decidido poner en duda, estigmatizando a quien no comparte la suya, imponiéndole la penitencia, de además del trauma que supone el hecho en sí, la de sentirse señalada o incluso una delincuente.

P.D. 2 preguntas:

– ¿Qué es lo que lleva a una chica a callar y a no aceptar el consejo de quien más le quiere en esta vida? ¿sus padres?

– ¿Qué es lo que lleva a un/a joven a practicar sexo sin preservativo?

Y ya sé que la abstinencia es el método más seguro. Y contra los accidentes de tráfico lo mejor es no conducir.

Pero es que aquí, conduce todo quisqui y folla el que puede.