Tiempos de mesura

Un sola cosa que me gustaría añadir o corregir a este texto de Koldo San Sebastian sería la de aclarar, que el primer gobierno transversal se apoyó en un PNV central y centrado. La transversalidad del momento, fué rentabilizada por un PNV central y centrado, que supo hacer gobiernos posteriores, en los que ya no era la transversaidad (entendida como equivalencia de fuerzas)lo que sustentaba el país, sino la centralidad de un PNV capaz de elegir quien le convenía en el gobierno y sobre todo quien le convenía al país.

El PNV nunca ha sido transversal, siempre ha sido central. Siempre hasta ahora.

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Koldo san Sebastian en el Deia

EN 1982, cuando Felipe González y el PSOE ganaron las elecciones por mayoría absoluta, Mario Onaindia se refirió a aquel hecho como la rebelión de los maketos. En aquellos comicios, el PSOE obtuvo en la CAPV ocho diputados (los mismos que el PNV) y el 29,30% de los votos (10 puntos más que en 1979). El resto de fuerzas no nacionalistas o constitucionalistas obtuvieron en su conjunto el 15% de la representación electoral, casi tanto como HB (que obtuvo un 14,78% ¡en unas elecciones generales!). El nacionalismo vasco no sólo había resistido la rebelión sino que había mejorado sus resultados de 1979. Los socialistas aguantaron el tipo en 1983 (Municipales y Forales), pero el PNV mantendría su hegemonía con el 39,45% de los votos y 1.257 concejales.

La consolidación del nacionalismo vasco (en aquellos momentos, los politólogos incluían en el bloque nacionalista a Euskadiko Ezkerra y a Herri Batasuna) a través del ejercicio del poder se percibía como una amenaza. Y así surge la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA) que, sobre todo, representa una vulneración clara del pacto entre vascos que representaba el Estatuto de Autonomía. Fracasado este intento, se impuso por un lado la ralentización del proceso autonómico y el gobierno desde la “mayoría central” (tal y como definió Recalde). Por su fuera poco, leyes orgánicas y de bases reducían las competencias recogidas en la ley orgánica 3/1979 (el Estatuto de Gernika).

El desgaste del nacionalismo era esencial para imponer la nueva visión. En la escisión del PNV de 1984-1986, amén de cuestiones personalistas, hubo ayudas desde fuera. La otra vía de desgaste se concentraba en la izquierda abertzale. O, dicho de otra forma, en la atracción definitiva de sectores mayoritarios de la misma hacia, en este caso, el PSOE. La extinción de ETA político-militar y el proceso izquierda para el socialismo (que, en un primer momento, pretendió crear un Partido Comunista vasco), primero, iban a borrar cualquier matiz nacionalista y, luego, facilitar el ingreso de muchos cuadros en el Partido Socialista. En este sentido, es bueno recordar que el retroceso del nacionalismo no se ha producido en el nacionalismo institucional (PNV o PNV+EA en conjunto), sino en la izquierda reclamada como nacionalista.

En 1986, fracasado el primer intento serio por desalojar al PNV del Gobierno autónomo (tras el intento entre el PSE, EA y EE), se inició el primer periodo de Gobierno transversal que, con matices y variaciones, se mantuvo hasta que los socialistas lo abandonaron en 1997. En este periodo se producen algunos acontecimientos importantes: como por ensalmo, dejaron de actuar los GAL, se firmó el Pacto de Ajuria Enea (que nunca se cumplió en sus apartados más fáciles, como el pleno desarrollo estatutario) y, sobre todo, los Gobiernos Ardanza pusieron las bases para la recuperación económica, recomponiendo el tejido económico sobre bases distintas a las del siglo XIX. Pero, aquel Gobierno basado en el acuerdo entre diferentes fue tomado por propios y extraños, bien como signo de debilidad y renuncia, bien como la oportunidad de sustituir al PNV al abrirse una nueva etapa definida por Jáuregui, Onaindia y otros como postnacionalismo. Así, entre 1996 y 1997, el PSE abandonó el gobierno de distintas instituciones (la Diputación de Araba o el Gobierno vasco) preparando el asalto a las mismas.

Y, mientras se daba esto, se produjo el asesinato de Miguel Ángel Blanco y alguien pensó que el espíritu de Ermua serviría como carburante para acelerar la llegada del postnacionalismo. Vinieron Lizarra con su fracaso y, luego, las elecciones de 2001 (cuyos resultados, aún hoy, no se leyeron convenientemente) y los sucesivos intentos de Juan José Ibarretxe de explorar (desde el respeto a la legalidad) nuevas vías para solucionar el contencioso vasco. En este punto es bueno recordar algo: en los últimos 30 años de “régimen nacionalista” (como lo describen despectivamente algunos), por un lado, el PNV nunca ha vulnerado ley alguna (ni ha desbordado el marco legal) en su acción de gobierno (algo que, por ejemplo, el PSOE no puede garantizar). Por otro, durante una década larga, la administración de ese “régimen” era compartida por los socialistas, mientras que, al mismo tiempo, el PNV era capaz de pactar con el PP, por ejemplo, en municipios relevantes.

Se llegó al 1 de marzo y el PNV ganó pero no consiguió la mayoría parlamentaria. Por varias razones: por restricciones legales impuestas por la mayoría central, por normas impulsadas desde la mayoría nacionalista y por una serie de errores propios. Para mí, entre estos últimos (los errores propios), algunos muy claros: el PNV había dejado de ser un movimiento en el que cabían muchos para convertirse en casi un partido estalinista en el que se acepta una visión y un líder carismático. En segundo lugar, haber permanecido durante mucho tiempo lejos de eso que se ha llamado la “sociedad invisible”. Es cierto, y hay que recordarlo aquí, que es EAJ quien impulsa en el Parlamento Vasco la ley de víctimas del terrorismo. En tercer lugar, esa obsesión por pescar en el caladero de Batasuna (rompiendo, para ello, con una tradición centenaria).

Sin embargo, el domingo se abría una nueva oportunidad para el PNV. Y ésta no es otra que la derrota de José Luis Rodríguez Zapatero. Con una doble lectura. El Gobierno constitucionalista en Euzkadi le da votos al PSE y no se los da al PP. Por el contrario, las mayores rentas en el Estado han sido para el PP y no para el PSOE. Soraya Sáez de Santa María ya habla de “cuestión de confianza” mientras que El Mundo extrapola datos y da una victoria al PP con apoyo de CiU y/o del PNV. El Gobierno central tiene que afrontar, en los próximos meses, la aprobación de leyes, amén de los presupuestos, y está cada vez más solo, y con la oposición más embravecida. Justo cuando incluso el Banco de España ve brotes verdes.

Es el momento de la prudencia y de la mesura. El PSE, curiosamente, tiene en sus manos el futuro de Zapatero. Este último necesita ganar tiempo y llegar sin sobresaltos al 2011. El PNV tiene que jugar bien sus cartas.

El PNV había dejado de ser un movimiento en el que cabían muchos y permanecía lejos de eso que se ha dado en llamar la ‘sociedad invisible’

El Gobierno constitucionalista en Euzkadi le da votos al PSE y no se los da al PP, pero las rentas en el Estado han sido para el PP y no para el PSOE

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